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27 de marzo de 2026

LA ECLOSIÓN DE LA VIDA EN LA FIESTA DEL CIRUELO EN FLOR DE NALDA

AUTOR: Ana

En el corazón de La Rioja, donde la tierra se mece entre viñedos y sierras, la llegada de la primavera no es solo un cambio de estación, sino un acontecimiento que se celebra con profunda emoción y arraigo. En el pintoresco municipio de Nalda, a los pies de la imponente Sierra de Moncalvillo y abrazado por el valle del Iregua, cada año se despliega un espectáculo de efímera belleza: la Fiesta del Ciruelo en Flor. Esta celebración trasciende lo meramente festivo para convertirse en una oda a la tierra, a la identidad rural y al ciclo incesante de la vida.

Un Símbolo de Identidad y Resistencia

La Fiesta del Ciruelo en Flor, que tradicionalmente tiene lugar el primer domingo de abril, coincidiendo con el pico de la floración, este año se celebrará este domingo 29 de marzo, es mucho más que un simple festejo. Es una manifestación viva de la identidad de Nalda y su gente. La flor de cinco pétalos del ciruelo se ha convertido en un emblema que simboliza valores fundamentales para la comunidad. Representa la protección del paisaje, la soberanía alimentaria a través de los productos de proximidad, el aprovechamiento integral bajo el concepto de «residuo cero» y, por encima de todo, el ciclo ininterrumpido de la vida, desde la semilla que brota hasta la fruta que alimenta.

Este evento es un testimonio de la resistencia y el cooperativismo que definen a las comunidades rurales. Organizaciones como la asociación PANAL y la Cooperativa de Frutos del Campo son el alma de esta fiesta, invitando a vecinos y visitantes a sumergirse en una jornada de tradición y conciencia rural. Es un recordatorio de que la vida en el campo es un equilibrio delicado y una labor constante, donde cada flor es una esperanza y cada fruto, una recompensa.

Sabores de la Tierra y Tradiciones Compartidas

La gastronomía juega un papel central en esta celebración. La Plaza de la Tela de Nalda se transforma en un vibrante mercado a partir de las 11 horas, donde los aromas y sabores locales invitan a la degustación. Los asistentes pueden deleitarse con migas de pastor, asados al sarmiento que evocan la esencia de la cocina tradicional riojana, y la dulzura de las rosquillas y otros postres artesanales. Este es el momento de saborear la autenticidad de los productos de la tierra, como el licor de pasas, las verduras de El Colletero , el chocolate de Comercio Justo o la mermelada ecológica, pionera en La Rioja, elaborada por esta misma entidad.

Más allá de la comida, la fiesta ofrece una inmersión en las costumbres locales. La música de dulzainas llena el aire, creando una atmósfera festiva y entrañable. Se organizan talleres, exposiciones sobre el ciclo agrícola y rutas guiadas que permiten contemplar la floración desde miradores estratégicos, como el del histórico Castillo de Nalda, que abre su acceso a partir de las 12 horas. Desde allí, la vista panorámica del valle, salpicado de ciruelos en flor, es un regalo para el espíritu, una conexión palpable con la historia y el paisaje.

El Ciruelo: Más Allá de la Flor

El ciruelo, especialmente la variedad Claudia Verde, es un árbol de carácter aventurero y delicado. Su periodo de polinización es breve y su cosecha, incierta, lo que subraya la dedicación y el conocimiento de los agricultores de Nalda. Sin embargo, su generosidad es inmensa: desde las ciruelas frescas, resistentes y saludables, hasta las pasas y mermeladas que se elaboran de los frutos menos perfectos, siguiendo un laborioso proceso de secado tradicional en cañizos.

Esta fiesta es un recordatorio de que en La Rioja, la tradición no es un concepto estático, sino una fuerza viva que se renueva con cada primavera. La Fiesta del Ciruelo en Flor de Nalda es una invitación a experimentar la belleza de lo sencillo, la riqueza de lo auténtico y la profunda conexión entre el hombre y la tierra que define a esta región vinícola y agrícola por excelencia.

Así, mientras los pétalos blancos y rosados caen lentamente, como una lluvia de promesas, Nalda nos enseña que el verdadero lujo reside en la armonía con la naturaleza y en la celebración compartida de sus dones. Es una experiencia que nutre el alma, dejando una impronta de paz y belleza en quienes tienen el privilegio de presenciarla.

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