En 1985, Antonio Bartolomé Fernández sembró la semilla de lo que hoy es uno de los espacios naturales más emblemáticos y educativos de la comunidad: el Jardín Botánico de La Rioja. Han pasado cuatro décadas desde aquel sueño que nació con una visión clara: entregar a las futuras generaciones un espacio de titularidad pública donde la biodiversidad —incluida la especie humana— se vea reflejada, protegida y promocionada por encima de cualquier otro interés.
Este proyecto, impulsado y dirigido por Antonio Bartolomé junto a la Fundación sin ánimo de lucro y de interés general “El Botánico”, abrió sus puertas al público en 2005, veinte años después de su fundación, consolidándose como un referente en la conservación, investigación y divulgación de la vida vegetal.

Un sueño convertido en legado verde
El Jardín Botánico de La Rioja no es solo un espacio natural; es el resultado de una visión comprometida con el medio ambiente y el conocimiento. Desde su creación, ha trabajado para convertirse en un lugar de encuentro entre la ciencia, la educación y la sensibilidad ecológica, ofreciendo un recorrido por una gran diversidad de especies vegetales que conviven en armonía y son cuidadas con esmero.
Durante estos cuarenta años, el jardín ha logrado mantener una amplia variedad de especies vegetales en perfecto estado, convirtiéndose en un auténtico santuario verde. Cada rincón invita a descubrir, aprender y respetar la naturaleza, consolidándose como uno de los espacios más queridos por los riojanos y los visitantes de toda España.
Aulas vivas: aprender de la naturaleza
El Jardín Botánico no solo se contempla: se vive y se aprende. Su vocación educativa se refleja en la gran cantidad de actividades que ofrece para todos los públicos, especialmente para las familias y los más pequeños.
Aulas sobre Rapaces y Reptiles “Educar y Concienciar”
Bajo la dirección de Rebeca Rego, estas aulas son una oportunidad única para acercarse al fascinante mundo de los animales. Aquí los visitantes pueden conocer de cerca especies como el tenrec —un pequeño mamífero de aspecto curioso originario de Madagascar— o el lución, un reptil sin patas que despierta gran interés entre los niños.
El objetivo es claro: educar y concienciar sobre la importancia de todas las formas de vida, despertando el respeto por los ecosistemas y mostrando cómo cada ser vivo cumple una función vital en el equilibrio del planeta.


Aulas Naturalistas del Jardín Botánico de La Rioja
Guiadas por Andrés Garzón Sánchez, estas sesiones son una invitación a observar la naturaleza con ojos de explorador. Insectos, mariposas, arácnidos, aves, nidos, huevos, insectos-palo y escarabajos se convierten en protagonistas de una experiencia educativa que mezcla ciencia, curiosidad y respeto por la vida.
En estas aulas, la naturaleza se transforma en el maestro más inspirador, recordándonos que aún tenemos mucho que aprender de los ecosistemas que nos rodean.

Aula Plantarvm: el universo de las plantas
Las visitas guiadas Aula Plantarvm, conducidas por María Barco, son otra de las joyas del Jardín Botánico. En ellas, los participantes descubren aromas, texturas, colores y sabores que despiertan los sentidos y abren la puerta al conocimiento de los usos medicinales, culinarios y culturales de las plantas.
Cada paseo se convierte en una experiencia sensorial y educativa que conecta al visitante con el mundo vegetal de una manera profunda y vivencial.

Un espacio para todos: naturaleza, familia y conciencia ecológica
El Jardín Botánico de La Rioja se ha consolidado como una de las mejores opciones familiares para disfrutar del tiempo libre en contacto con la naturaleza. Su amplia oferta de actividades hace que cada visita sea diferente, y los niños menores de 3 años pueden acceder de forma gratuita, fomentando así el acercamiento temprano a la vida natural.
Caminar por sus senderos, participar en sus talleres o simplemente contemplar su biodiversidad es una forma de reconectar con la tierra y comprender la importancia de cuidar el entorno.

Cuarenta años de historia, cuarenta años de futuro
Este 2025, el Jardín Botánico de La Rioja celebra cuatro décadas de compromiso con la educación ambiental, la investigación y la preservación del patrimonio natural. La labor de Antonio Bartolomé Fernández y de todos los que han hecho posible este proyecto demuestra que la constancia, la pasión y el amor por la naturaleza pueden crear un legado duradero.
Su mensaje, más vigente que nunca, nos recuerda que la biodiversidad es un tesoro común y que el deber de cada generación es protegerla, respetarla y compartirla.
En un mundo cada vez más necesitado de espacios de reflexión y equilibrio, el Jardín Botánico de La Rioja se mantiene firme como un pulmón verde, un aula abierta y un símbolo de esperanza.